lunes, 26 de junio de 2017

IÇERDE: ACCIÓN Y SUSPENSO DESDE TURQUÍA


Içerde misin?” (“¿Estás adentro?”). Esta pregunta es el hilo conductor de Içerde (Adentro, Ay Yapim, 2017), una serie policial turca que explora, a un tiempo, el oscuro mundo de las mafias suburbanas que operan en Estambul; y los profundos traumas personales que la vida delictiva puede provocar en aquellas personas que terminan involucradas en la maraña de intrigas, mentiras, traiciones y una amplia gama de crímenes, que va del simple falseo de información a los asesinatos más crueles y sórdidos, con depuradas técnicas de tortura física y psicológica que la subcultura de los carteles de droga y el sicariato han hecho comunes en la sociedad contemporánea.

Con una trama caracterizada por su impredictibilidad, personajes construidos con interesantes matices  y notables actuaciones, Içerde fue un paso más allá del formato novela romántica -de enorme éxito en diversos países de Latinoamérica, incluido el Perú-, y presenta esta dinámica historia con elementos de acción (persecuciones, peleas callejeras, balaceras, explosiones) sin dejar de lado, por supuesto, los romances de sus protagonistas, que funcionan como complementos de enorme efectividad emotiva pero que no son, definitivamente, determinantes en su desarrollo narrativo.

La fuerza de Içerde, bajo la dirección de Uluç Bayraktar (quien previamente había dirigido otra serie policial, Ezel), radica en su excelente guion, escrito por Ertan Kurtalan y Toprak Karaoğlu, que toma como base la laureada película The departed (Martin Scorsese, 2006) pero con una variación sustancial: el policía y el criminal, infiltrados en la mafia y en el departamento policial, respectivamente, son enemigos mortales sin saber que son hermanos. Separados desde su niñez, ambos hacen hasta lo imposible por encontrarse, incluyendo numerosos intentos por destruirse mutuamente para lograr ese objetivo. El culpable de esta separación es un poderoso y despiadado capo de la mafia, traficante y asesino, que logra siempre escapar de las autoridades debido al trabajo de su informante en la sombra.

El boom de las series y novelas turcas en países de habla hispana comenzó hace dos o tres años, con Binbir gece (Las mil y una noches), grabada originalmente en el 2006 y, a partir de la buena acogida que tuvo entre el público, los canales de señal abierta comenzaron a transmitir otras como por ejemplo Ezel (2009), Fatmagül'ün suçu ne? (¿Qué culpa tiene Fatmagül?, 2010) y Adını Feriha koydum (El secreto de Feriha, 2011), con similares resultados de sintonía. A pesar de que estas y otras producciones turcas modernas han sido programadas unas tras otras, Içerde no ha llegado a nuestras pantallas con las ya conocidas traducciones oficiales hechas en Chile.

Sin embargo, la popularidad de esta serie –que pone en vilo a toda Turquía cada lunes desde septiembre del año pasado-, no ha pasado desapercibida para las entusiastas seguidoras de uno de sus principales protagonistas, el joven actor Çağatay Ulusoy, que se hiciera famoso entre nosotros en la romántica historia Adını Feriha koydum (El secreto de Feriha). 

Ellas, desde distintos países como Argentina, Chile y Perú, han buscado múltiples formas de estar al tanto de los avances de Içerde, desde la creación de grupos de Facebook en los que comparten avances, videos, fotos y notas relacionadas a sus capítulos, hasta una página web en la que cuelgan, con una semana de diferencia, la serie capítulo por capítulo, subtitulada al español y al inglés por un equipo de traductores y profesores del complicado idioma de este exótico país euroasiático.

Ulusoy interpreta a Sarp Yilmaz, el policía que se infiltra, a través de complejas estratagemas organizadas por su jefe y mentor, el director del departamento contra el crimen organizado, Yusuf Kaya, en el círculo más íntimo de Celal Duman, un traficante y asesino que, años atrás, secuestró a su hermano menor, Umut, para cumplir a su vez un maquiavélico y calculador plan: criarlo e inscribirlo en la escuela de policías para que, de mayor, trabajara como espía y así conocer los movimientos de las fuerzas del orden, lo que le permite tener garantizada absoluta libertad para operar sus oscuros negocios, que esconde bajo la fachada de un populoso restaurante de kebab, comida típica de diversos países de esa zona del mundo, hecha a base de carne molida de cordero. Umut, alejado de su familia desde los 3 años de edad, desconoce su origen y crece en las calles, bajo el nombre de Mert Karadağ, hasta que es “rescatado” por Celal y se convierte en un respetado y eficiente oficial de policía. Umut/Mert es interpretado por otro conocido galán de varias novelas románticas turcas, Aras Bulut İynemli.

Junto a ellos, un elenco que combina a actores de enorme experiencia en la televisión, cine y teatro turcos, como por ejemplo Çetin Tekindor (Celal Duman), Mustafa Uğurlu (Yusuf Kaya), Nihal Koldaş (Füsun Yılmaz), Uğur Yücel (Kudret Sönmez); con nuevas figuras como Bensu Soral (Melek Duman), Damla Colbay (Eylem), Yıldıray Şahinler (Alyanak), Rıza Kocaoğlu (Davut), crean un universo de personajes e historias paralelas que le dan dinamismo y tensión dramática a Içerde, que configuran diversas situaciones en las que prima la acción y el suspenso, con un acertado manejo de flashbacks, un guion técnico muy prolijo que combina el uso creativo de las cámaras, un concepto artístico de la iluminación y efectos especiales; y giros inesperados que mantienen a la audiencia en permanentes dudas sobre qué sucederá en la escena siguiente. 

Aunque inicialmente Içerde explotó la popularidad y atractivo de la dupla Çağatay Ulusoy/Aras Bulut İynemli para asegurarse la fidelidad del público femenino, las elaboradas tramas y consistentes dosis de acción y violencia, propias del género policial, demostraron ser efectivas también para el sexo opuesto, lo cual no hizo más que aumentar el exitoso rating de los capítulos semanales, que duran dos horas aproximadamente.

La serie llegó a su final el pasado lunes 19 de junio, tras la transmisión de sus 39 episodios. La expectativa que creó la resolución de sus misterios y el desenlace final de sus protagonistas, tras semanas de angustia, quedó reflejada en el gran éxito que tuvo este último capítulo, que fue todo un evento en Estambul: Ay Yapim, la productora, convocó a una gala especial, para pasar el final de Içerde en pantalla gigante, en simultáneo con la transmisión por televisión. 

Esa noche asistieron todos los actores, que fueron recibidos con la infaltable alfombra roja, al estilo de las grandes premiaciones (Oscar, Grammy) y un concierto como acto previo, en el que se interpretó en vivo la espectacular banda sonora de la serie, compuesta por el bajista Toygar Işıklı, músico graduado del prestigioso Berklee College. Miles de personas, entre personalidades de la TV turca y público invitado, colmó el local mientras que otros miles de teleespectadores esperaban, mordiéndose las uñas, el inicio del capítulo final, programado para las 8.30 de la noche (hora local de Turquía).

En las redes sociales, los fans latinoamericanos que han seguido Içerde en su versión subtitulada, se pasaron toda la semana debatiebdo sobre cuál sería el final de los hermanos Yilmaz, el malvado Celal y su fiel sicario Davut. Casi dos semanas antes del final oficial de Içerde, los medios anunciaron que la televisión chilena -responsable de versiones dobladas de casi todos los éxitos de la televisión turca contemporánea- ya aseguró los derechos de esta serie, por lo que pronto la tendremos en algún canal local en horarios estelares. 

El éxito ha sido tal que el elenco de Içerde participa de actividades benéficas y de responsabilidad social. Se les puede ver organizando partidos de fútbol y apoyando campañas para proteger a niños huérfanos –uno de los temas centrales de la serie- y difusión de información sobre seguridad ciudadana. Aunque no está confirmado, todo parece indicar que dentro de poco podrá verse también en versión doblada, lo cual sin duda aumentará su popularidad a nivel global.

Içerde, como otras series provenientes de Turquía, dan cuenta de una industria televisiva en constante evolución y efervescencia, con historias que van de lo tradicionalista a lo moderno, mostrando, a través de un cuidadoso trabajo de producción que incluye sofisticadas técnicas de filmación e iluminación de cinematográfica calidad, el exotismo de la ancestral cultura de una de las sociedades más antiguas del mundo con su idiosincrasia actual, un crisol de identidades que tiene tanto de europeo como de asiático, de cristiano como de musulmán, convirtiéndose en una buena fuente de información acerca de este país, antes desconocido, a través de sus costumbres, vestimentas, paisajes y lugares emblemáticos (como lo hiciera el cine y televisión mexicanas desde la década de los años cuarenta). 

Asimismo, el público latino ha entrado en contacto con toda una constelación de talentosos y carismáticos actores y actrices, algunos con décadas de experiencia en cine y teatro y otros, más jóvenes, que son la comidilla de la prensa de espectáculos turca.


TRAILER OFICIAL DE IÇERDE


viernes, 9 de junio de 2017

"DESPACITO" Y LA CRISIS DE LA MÚSICA LATINA

Publicado originalmente en Diario Exitosa (lunes 5 de junio de 2017, página 18)


La música latina está en crisis. Los clichés del “encanto caribeño” creados por la cultura anglosajona se han unido, de manera enfermiza, con las tendencias comerciales impuestas por un mercado que solo se concentra en aquello que venda mucho y muy rápido, y han desaparecido del imaginario colectivo de las masas hermosos géneros musicales que fueron sinónimo de calidad, sofisticación, idiosincrasia y exotismo.

La expresión más patética de la metástasis que padece nuestra música es, por supuesto, el reggaetón que se apoderó, desde 1995 aproximadamente, de emisoras, rankings y premiaciones, aniquilando la rica tradición musical latina y reemplazándola por ese insoportable golpeteo simiesco y repetitivo cuyas letras estimulan pulsiones primarias de una muchedumbre de consumidores cautivada por sus connotaciones “sensuales”. Con complicidad del reggaetón, los modelos de éxito de la juventud han sufrido una preocupante transformación: los chicos quieren ser narcos y las chicas, sus siempre dispuestas acompañantes.

La canción Despacito es la más reciente trastada reggaetonera, compuesta por el cantante portorriqueño Luis Fonsi y una cantautora panameña, Erika Ender, cuyas pupilas deben estar convertidas en frenéticos signos de dólar, como los de las máquinas tragamonedas, mientras su creación -descrita como “reggaetón romántico” cuando en realidad es una grosera invitación al encontronazo promiscuo, disfrazado de falsa elegancia- triunfa, de manera irrefutable, con índices millonarios de ventas y cientos de miles de descargas y reproducciones en YouTube.

La infección reggaetonera está tan extendida que el tema de marras viene siendo grabado en diversos géneros musicales e incluso se presentó en la final de la versión norteamericana de The Voice, uno de los programas de talentos más sintonizados del planeta.

Pero el encanallamiento de nuestra música se manifiesta en otras expresiones musicales, como por ejemplo, la balada. La generación que hoy tiene entre 40 y 50 años de edad, cuando encendía la radio durante su niñez, adolescencia o pregrado universitario, escuchaba letras como esta: “¿Y cómo es él?/ ¿en qué lugar se enamoró de ti? / ¿de dónde es? / ¿a qué dedica el tiempo libre?” (Y cómo es él, José Luis Perales, 1982). Hoy ese lirismo es reemplazado por un grotesco “dile al noviecito tuyo / que él es una porquería” (El amante, Nicky Jam, 2017).

Hoy, el romance musical llega en ritmo de bachata, ese sonido chirriante, sudoroso y monotemático en el que vocalistas de timbre afeminado “enamoran” a las jóvenes modernas con proposiciones que pasan la delgada línea entre lo sugerente y la agresión, aceptadas de buen grado por la masa, incluso femenina, que luego se declara contra el abuso y la violencia hacia la mujer.


Pero esta crisis de la música latina no es moral sino artística. Los ídolos latinos actuales han abdicado de toda calidad musical -tanto en la composición como en lo interpretativo- para entregarse de forma hedonista y vulgar al desarrollo de propuestas rentables, que dan vueltas sobre lo mismo permanentemente, pasando por encima de décadas de una evolución musical que motivó la aparición de géneros como el bolero, el son, la salsa y sus derivados, el latin jazz, la nueva ola y las baladas con orquestaciones exquisitas y voces privilegiadas -además de la fuerza del rock en español o la impronta poética de los trovadores- a las que todos estuvimos expuestos, enriqueciendo nuestra sensibilidad a través de un acto muy sencillo: encender la radio.

miércoles, 31 de mayo de 2017

STEVE VAI EN LIMA (C. C. MARÍA ANGOLA, MARTES 30-5-2017)


Con el auditorio al tope de su capacidad, el guitarrista Steve Vai dejó sin palabras a quienes lo vimos la noche del martes 30 de mayo. Al final de las casi dos horas que duró el concierto, se notaba que las furibundas y ensordecedoras ráfagas de electricidad lanzadas desde su icónica Ibanez blanca aun resonaban en los oídos de las personas que iban saliendo del recinto, con ojos y bocas abiertas, balbuceando adjetivos –“alucinante”, “espectacular”-entre sonrisas que podían ser de satisfacción pero también de una genuina perplejidad.

Y es que no importa cuántas veces haya escuchado uno el Passion and warfare, disco que Vai grabara en 1990 y que tocó íntegramente en Lima, como parte de la gira mundial que inició a mediados del 2016 para celebrar un cuarto de siglo de su lanzamiento. Porque los niveles de volumen e intensidad que es capaz de alcanzar en vivo son simplemente imposibles de describir con palabras, lo cual se hace más evidente en esas digresiones en los que la guitarra de Vai simula estruendosos cohetes a punto de explotar o estrellarse, gritos eléctricos que convierten el Star spangled banner de Jimi Hendrix en un arrullo de cuna.

El concierto arrancó con un video, casi dos minutos de la cinta Crossroads (1986) en la que Vai representa a Jack Butler, un guitarrista endemoniado, durante la emblemática escena del duelo entre Butler y Eugene, papel representado por la estrella juvenil de la época, Ralph Macchio (Karate Kid). A lo largo del show, se proyectaron coloridas animaciones y otras sorpresas, como la aparición de diversos amigos y colegas de Vai y los clips promocionales del Passion and warfare.

Para el arranque, desde la oscuridad salió Vai, media hora después de lo anunciado, encapuchado y apuntando al público con rayos láser de color rojo intenso que salían de sus ojos, moviéndose sinuosamente y lanzando extraños ruidos desde su guitarra, que por momentos parece un arma de destrucción masiva. Junto a su banda -Dave Weiner (guitarra, teclados), Philip Beynoe (bajo) y Jeremy Colson (batería)- tocó  cuatro poderosos temas de su amplia trayectoria discográfica: Bad horsie y Tender surrender (del EP Alien love secrets de 1995), The crying machine del disco conceptual Fire garden (1996) y Gravity storm, de The story of light (2012), una de sus últimas producciones en estudio.

Para ese momento la audiencia ya estaba preparada. Unas breves palabras en inglés, en que Vai hizo gala de su facilidad expresiva y sentido del humor y con todo, el Passion and warfare de principio a fin y en orden, alcanzando cotas impresionantes de incendiario volumen, con esos sostenidos agudos y el casi maltrato físico al que somete a su instrumento para arrancarle solos imposibles, riffs pesados y estructuras sumamente complejas incluso para otros guitarristas de su generación.

Aquí comenzaron las apariciones especiales: Para Liberty, las pantallas –una al centro, dos a los lados- mostraron imágenes de Vai junto al legendario Brian May de Queen, en un concierto de 1992. Durante The audience is listening, el simpático videoclip en el cual un “Little Stevie” vuelve loca a su profesora con su arrebatada canción inspirada en el clásico de Van Halen, Hot for teacher, es interrumpido por John Petrucci, guitarrista de Dream Theater, para introducir su contundente estilo e intercambiar solos con Steve. Y para la conocida Answers, Vai recibió el saludo y visita virtual de su amigo, profesor y cómplice en el proyecto guitarrero G3, Joe Satriani quien, sentado en su estudio y con divertidas máscaras, realizó impresionantes intervenciones para acompañar a Vai.

Durante los temas I would love to, The audience is listening y For the love of God, la banda hacía lo suyo y se proyectaban los videos correspondientes a cada tema, con Steve tocando en vivo y en estado de gracia, mientras la pantalla nos mostraba las imágenes del músico, hace 27 años, conectando pasado y presente. En suma, una celebración que fue más allá del emblemático disco de rock instrumental –el segundo de su carrera en solitario- para convertirse en un repaso por una trayectoria marcada por el éxito pero también por duras críticas a su personal y emotiva forma de ver y entender la música, con composiciones de complejas estructuras y sonidos que, para el común de las personas, pueden llegar a ser desesperantes por la saturación y el volumen que alcanzan.

Para quienes siguen pensando que el toque vertiginoso y extremadamente técnico de Steve Vai es maquinal o robótico, deberían prestar mayor atención a la digitación natural con la que acomete diversos pasajes en canciones como For the love of God, Greasy kid’s stuff, Blue powder y especialmente el breve interludio Ballerina 12/24, en que Vai se luce con un veloz bluegrass eléctrico, en ese tiempo difícil indicado en el título. En la otra cara de la moneda, las pesadas y cambiantes The riddle, Erotic nightmares, The animal y, particularmente Love secrets, que cierra el disco original, van del hard-rock al rock progresivo con densidad pero con mucha fluidez en los arreglos, por más complicados que estos sean para el oyente promedio. La habilidad desarrollada por Vai a lo largo de los años obedece a tres cualidades 100% humanas: talento, disciplina y mucha práctica. Ninguna de ellas pueden conseguirse a través de softwares o descargas virtuales.

La banda que trajo Steve Vai tiene también, por supuesto, una gran responsabilidad dando soporte a las locuras del guitarrista y compositor, y la cumplen cabalmente, sin atenuantes: Philip Beynoe es un extraordinario bajista que combina su macizo acompañamiento para los temas pesados con una soltura ultrafunky que retumba y sacude el cuerpo de quien lo escucha. Jeremy Colson, el baterista, lanza unos bombazos con tal contundencia que compite en capacidad atronadora con su jefe, mientras que el guitarrista/tecladista Dave Weiner no se queda atrás al momento de replicar las veloces y frenéticas líneas de Vai –como en su momento lo hiciera Mike Keneally, su amigo y reemplazante en la banda de Zappa, hoy dedicado a sus propios proyectos musicales- o de hacerle fondo con una guitarra especial, que lanza enigmáticos arpegios parecidos a los de una cítara.

Una vez finalizadas las catorce canciones del Passion and warfare, Vai subió al escenario en dos ocasiones: la primera para hacer un extracto de Stevie’s spanking, aquel pesado tema que Zappa compuso acerca de sus extravagantes hábitos cuando iba con él de gira, apenas a los 21 años de edad, mientras las pantallas mostraban imágenes del DVD Dub room special, en el que quedó registrada una actuación de ambos en 1981; seguida de Racing the world, del álbum The story of light. Ante las llamadas del exhausto público, Vai regresó nuevamente y cerró la faena con la última sección de la suite Fire garden, del disco del mismo título, una extraña y misteriosa composición titulada Taurus Bulba, durante la cual bajó enloquecido a tocar en medio de las primeras filas, provocando un sano alboroto y un bosque de celulares tratando de captar ese momento.


Casi a la medianoche, las luces se apagaron y de los parlantes surgió la canción Hallelujah de Leonard Cohen, en la versión que grabara Jeff Buckley en 1991, casi como tratando de acariciar nuestros oídos, que habían sido satisfactoriamente machacados por uno de los mejores guitarristas del mundo. Steve Vai desató una apasionada guerra en nuestra ciudad, mezcla de incontenible locura y profunda espiritualidad. Prometió volver. Le tomamos la palabra.

SETLIST

PRIMERA PARTE
  • Intro: Video de película Crossroads (1986)
  • Bad horsie
  • The crying machine
  • Gravity storm
  • Tender surrender
PASSION AND WARFARE
  • Liberty (video: Brian May)
  • Erotic nightmares
  • The animal
  • Answers (video: Joe Satriani)
  • The riddle
  • Ballerina 12/24
  • For the love of God (con videoclip de 1990)
  • The audience is listening ((con videoclip de 1990, interrumpido por John Petrucci)
  • I would love to (con videoclip de 1990)
  • Blue powder
  • Greasy kid's stuff
  • Alien water kiss
  • Sisters
  • Love secrets
FINAL 1
  • Stevie's spanking (video: Frank Zappa)
  • Racing the world
FINAL 2
  • Taurus Bulba (Fire garden suite, part IV)