miércoles, 24 de noviembre de 2010

THE BAND: MÚSICA Y SENTIMIENTO


Nunca me cansaré de decir que la buena música es, al final de todas las cuentas, el arte más cercano a un amigo(a) cuando se trata de buscar consuelo tras una experiencia dolorosa. La naturaleza cambiante del estado de ánimo, aun en tiempos en los que prima la tristeza y la inevitable sensación de vacío que trae el duelo, se sosiega cuando en el aire vuelan notas agradables al oído. Pueden ser vertiginosas y violentas, para generar distracción y catarsis o pueden ser calmadas y acompasadas, para acompañarse en soledad. Como cuando uno tiene en las manos una taza de café caliente o una copa de vino tinto.

En ese sentido, The Band dejó registradas algunas canciones que califican en la segunda categoría y que vengo escuchando casi como un mantra, todos los días, para darle tranquilidad a mi día de trabajo. "Dicen que el tiempo cura todo..." es la frase de una melosa balada de Cristian Castro y es una verdad absoluta y categórica. Como dirían mis admirados Les Luthiers; "no solo es cierto sino que además, es verídico". Pocos grupos como The Band han sido tan trascendentes y a la vez tan poco mencionados en las historias del rock. Y en estas épocas de monopolio cumbiambero o de actos inclasificables como Lady Gaga, Tokio Hotel o The Jonas Brothers, esta clase de bandas simplemente están siendo condenadas al más injusto olvido.

La historia es larga y no quiero aburrirlos: cuatro canadienses y un norteamericano que ganaron experiencia y destreza acompañando a Ronnie Hawkins, un cantante menos recordado aun, en ese entonces se hacían llamar The Hawks. Un par de giras con Bob Dylan - fueron la banda que estuvo detrás de él en el bochornoso concierto en que sus fans le gritaron "Judas!" por ponerle electricidad al folk en 1966 y luego, la aventura musical del quinteto se hizo realidad con dos álbumes de antología: Music from the Big Pink (1968) y The Band (1969). Participaron en los festivales de Woodstock y la Isla de Wight, grabaron algunos discos más con Dylan y como grupo - se bautizaron The Band porque así se les conocía en el circuito de la época, simplemente eran "la banda" - y en 1976 se despidieron multitudinariamente en un mega concierto llamado The last waltz, famoso por el extenso documental que dirigió Martin Scorsese, estrenado en 1978. En ese mítico concierto los acompañan la crema y nata del rock de esa época: Eric Clapton, Dr. John, Bob Dylan, Joni Mitchell, Neil Diamond, Neil Young, The Staple Singers, Ringo Starr, Ronnie Wood, Van Morrison, entre otros...

The Band hizo rock and roll duro y parejo, blues y country. Se ubicó a mitad de camino del blues psicodélico de The Grateful Dead y el country rock de The Eagles. Sentó las bases. Y hoy nadie se acuerda de ellos: Richard Manuel (voz, piano), Robbie Robertson (voz, guitarra), Rick Danko (voz, bajo), Garth Hudson (saxo, teclados) - los canadienses - y Levon Helm (voz, batería), dejaron un puñado de canciones excelentes. Estas son las que más escucho en estos días:








domingo, 21 de noviembre de 2010

HABLANDO DE CONDECORACIONES...


Ayer en El Comercio apareció la siguiente nota:

"Presidente García condecorará con la Orden del Sol al candidato Castañeda Lossio
Distinción se le otorgaría al ex alcalde de Lima por su buen desempeño al frente del concejo metropolitano


Este lunes al mediodía el presidente Alan García condecorará al ex alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio con la Orden El Sol del Perú. La distinción se produce a pesar de que ya está confirmado que Castañeda será candidato presidencial en las elecciones del próximo 10 de abril. Se comentó que la condecoración se le otorgará por su buen desempeño al frente de la ciudad de Lima.

Como se recuerda, durante la inauguración de dos obras municipales el 11 de octubre en que participaron ambas autoridades, el presidente García aseguró que “yo estoy aquí con mi candidato”."

No sé por qué razón esta noticia trajo a mi memoria la hilarante escena de las condecoraciones que se reparten, sin saber por qué, los embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de las repúblicas de Los Cocos y de Pepeslavia en la película Su excelencia (1966) del genial Mario Moreno "Cantinflas"... cualquier parecido con la realidad no es coincidencia, son así de payasos... claro que Cantinflas era un actor cómico que manejaba a la perfección la crítica socio-político (sobre todo en sus últimas producciones) mientras que García y Castañeda realmente se sienten algo importante, engañando a todos los que se dejen engañar, desde luego...


jueves, 18 de noviembre de 2010

EN ESTOS DÍAS

El buen Silvio como siempre, certero con sus poesías musicalizadas, tanto para las pérdidas permanentes como para esas ausencias provocadas por uno mismo... quizá más irreparables...

En estos días
todo el viento del mundo sopla en tu dirección,
la Osa Mayor corrige la punta de su cola
y te corona con la estrella que guía la mía.

Los mares se han torcido
con no poco dolor hacia tus costas,
la lluvia dibuja en tu cabeza
la sed de millones de árboles,
las flores te maldicen muriendo celosas.

En estos días no sale el sol, sino tu rostro,
y en el silencio sordo del tiempo gritan tus ojos:
Ay! de estos días terribles,
ay! de lo indescriptible.

En estos días
no hay absolución posible para el hombre,
para el feroz, la fiera que ruge y canta ciega,
ese animal remoto que devora y devora
primaveras.

En estos días no sale el sol, sino tu rostro,
y en el silencio sordo del tiempo gritan tus ojos:
Ay! de estos días terribles,
ay! del nombre que lleven,
ay! de cuántos se marchen,
ay! de cuántos se queden.

Ay! de todas las cosas
que hinchan este segundo,
ay! de estos días terribles,
asesinos del mundo.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

ÁLEX ACUÑA: ORGULLO NACIONAL


"En el Perú no se escribe acerca de lo que yo hago" fue una de las frases que más me impresionó durante la clase magistral que el prestigioso músico peruano Álex Acuña dio el lunes 15 de noviembre en el patio de la Escuela de Música de la Pontificia Universidad Católica, ante un público esencialmente joven, que quizás no alcanzaba a entender del todo que se encontraban frente a una verdadera eminencia de las exigentes y exclusivas escenas del jazz y del pop de todos los tiempos.

Y me impresionó porque en el momento que la dijo, Acuña no se refería precisamente a sus logros musicales sino a su permanente trabajo social - que incluye no solo esta clase de actividades académicas gratuitas sino labores directamente relacionadas a programas como Sembrando y cosas por el estilo - pero se conectaba de inmediato con el mínimo conocimiento que la mayoría de peruanos tenemos acerca de este baterista que es reconocido y requerido por artistas de primerísimo primer nivel, a ambos lados del espectro del music business: puede grabar para la banda sonora de la próxima película de Christina Aguilera y a la mañana siguiente explorar nuevos ritmos y sonidos al lado de sus compañeros habituales de ruta, los no menos prestigiosos Justo Almario (saxofonista colombiano) y Abraham Laboriel (bajista norteamericano).

Desconozco de qué magnitud es el esfuerzo económico que la Escuela de Música de la PUCP ha desplegado para poner a Álex Acuña delante de esos jóvenes estudiantes pero este tipo de clínicas son las que él realiza desde hace décadas en las instituciones de enseñanza musical del calibre de Berklee en Boston o la UCLA en Los Angeles. Desde ese punto de vista, lo que nos ofreció fue un regalo de un valor incalculable tanto en calidad como en costos. El baterista pertenece desde hace tiempo a una élite de instrumentistas y es tremendamente vergonzoso que en los medios de comunicación se privilegien las medianías y bajuras de personajes circenses y casi escatológicos de la farándula actual en lugar de dar a conocer a un artista que está incluso por encima de otros músicos nacionales que también han triunfado en el extranjero como el cantante de ópera Juan Diego Flórez o el guitarrista Ramón Stagnaro. Para decirlo en sencillo, Álex Acuña es pues, otro lote.

La exposición, que duró cerca de dos horas, tuvo como tema central la versatilidad que don Álex, próximo a cumplir 66 años, ha alcanzado a lo largo de sus más de cuatro décadas de carrera musical. Baterista desde el principio, Álex Acuña fue ampliando su rango de acción hasta cubrir prácticamente todas las posibilidades de la percusión: cajón, timbales, bongóes, congas, djembes, cencerros, güiros, cuicas, marimbas y un largo etcétera que en la actualidad incluye instrumentos orientales y africanos. Todo un arsenal percusivo que domina no solo con perfección y destreza sino con pasión y fuerza interpretativa.

Álex Acuña se define como un sobreviviente y aunque declara "no ser religioso" reconoce que una presencia divina lo rescató en el momento preciso. Paradójicamente, esa época oscura de la cual habla escuetamente, coincide con uno de los puntos más encumbrados de su elongada producción en el mundo del jazz, su paso por Weather Report (1976-1978). Aquí lo vemos en el Festival de Jazz de Montreaux en 1976 junto a Joe Zawinul (teclados), Wayne Shorter (saxos), Jaco Pastorius (bajo) y Manolo Badrena (percusión), la mejor formación de esta banda fundamental en la historia del jazz en su etapa de mayor evolución. "Nunca es tarde para tener una vida brillante" dijo el bateristas a sus ocasionales alumnos, refiriéndose a la exitosa carrera que desarrolló tras superar sus problemas de juventud, y que le permite disfrutar actualmente del prestigio ganado en esos años, rodeado de su familia y amigos.



Tema: Elegant people



Tema: Black market

Sería redundante mencionar la lista de nombres notables con quienes Álex Acuña ha trabajado, puesto que en Internet circulan innumerables resúmenes al respecto. Solo cabe decir que sus baquetas y el ritmo natural que lleva en el cuerpo lo ha llevado a compartir escenarios y estudios de grabación con prácticamente todos los más aclamados músicos del mundo, desde compositores clásicos como Pablo Casals hasta Frank Sinatra, desde iconoclastas como Bobby McFerrin hasta modernos y convencionales artistas como Luis Miguel, desde Paul McCartney hasta Christina Aguilera.

Y por si fuera poco, es uno de los impulsores fácticos del cajón peruano en el mundo de la música, como ha quedado registrado en álbumes clásicos de Chick Corea, Paco de Lucía, Herbie Hancock, entre otros. En nuestro país, lo primero que se supo de Álex Acuña fue su participación activa en la conformación de Los Hijos del Sol, proyecto que lanzó en los años 90s el exitoso álbum To my country, reconocido a nivel internacional por su sofisticada combinación de jazz con música peruana. Aquí podemos verlo durante un concierto en Zagreb, Croacia, en el 2009:




Durante la clase, Álex Acuña invitó a tres destacados músicos peruanos: Laureano Rigol (timbales), David Neciosup (saxo alto) y Manongo Mujica (batería) para desarrollar un jam percusivo que tuvo de todo un poco: desde la fuerza telúrica de los ritmos negros del Perú hasta el sabor del latin jazz y la salsa pasando por momentos de improvisaciones jazzísticas al mejor estilo del avant-garde. Desde las congas, Acuña confirmó su categoría y demostró además que la sencillez es un rasgo definitivo de su personalidad, no solo por el conocimiento impartido sino por su flexibilidad y actitud exenta de protagonismos. El ensamble dejó boquiabiertos a los asistentes, que esperaban más música.

Al final de esta clínica-concierto, queda claro una vez más que lo bueno no solo está "condenado" a ser disfrutado por las minorías sino que debe ser así, ya que su masificación sería una preocupante muestra de debilitamiento, desgaste o simplificación inaceptable. En todo caso, desde esta bitácora sí escribiremos más acerca de lo que Álex Acuña, músico peruano, haga porque constituye un verdadero motivo de orgullo para nuestro país. Muchas gracias...

lunes, 1 de noviembre de 2010

REAL FELIPE: TIERRA DE NADIE


"El Perú avanza" dicen los paporreteros de la prensa sobona y adicta al consumismo que el dinero plástico y la filosofía de la diversión sinsentido ha establecido como catalizadora oficial de la opinión de la mayoría. En ese contexto, el público distraído por esa ilusión de desarrollo, expone su seguridad e integridad física en pro de pasarla cool en el evento del momento.

Como la sobre-exposición desgasta los points de moda, los magos de la publicidad y el marketing, jovenzuelos de universidades privadas que nunca ven más allá de sus propias narices (y a veces ni eso), generan nuevos lugares de diversión, amparados en la protección que les permite sumarse a las campañas de desinformación del gobiernos que busca levantar sus bonos sobre la base de la prmoción turística de lugares emblemáticos e históricos, como la Fortaleza del Real Felipe, monumental construcción de calicanto que data del siglo XVIII y que sirvió para defender al puerto del Callao del ataque de piratas y corsarios.

Pero ¿qué sucede cuando las calles circundantes a este portentoso fortín, que realmente valdría la pena conocer más, son las más peligrosas del Perú? Hace pocos días, en vísperas de la super publicitada Fiesta de los Corsarios - evento organizado por Halloween, con todas las características que le permitirán aparecer pronto en las secciones sociales de Somos, Cosas y en el próximo capítulo de Polizontes - dos mujeres turistas fueron cobardemente golpeadas y asaltadas por un trío de malnacidos ladrones, frente a la puerta del Museo Naval rumbo al ingreso a la Fortaleza.

Las señoritas, animadas por las exultantes fotografías de diversos folletos que consideran al Real Felipe como uno de los puntos turísticos obligatorios para cualquier estadía en Lima-Callao, atravesaron la ciudad para seguir el circuito y tomar algunas fotos pero su idea se truncó por la absoluta inseguridad que campea en esa zona. No estaban lejos de la puerta principal, estaban prácticamente al frente y eran la 1:30 de la soleadísima tarde del sábado 30.

Los transeúntes, indiferentes a los gritos de las víctimas, pasaban por su costado mientras una de ellas era arrastrada por la vereda y la otra luchaba porque no le arrebatasen su cartera. Consumado el crímen, las mudas e imponentes paredes de la Fortaleza solo mostraban el ridículo afiche de la calavera con la que la promotora de espectáculos Showbiz Perú, auspiciada por exclusivas firmas como Riccadona (vinos), Montalvo (spa/peluquería), Johnny Walker (whiskeys) y veinte nombrecitos más, anunciaba el fiestón de la noche siguiente.

Y claro, veinte minutos después, uno de los policías que supuestamente está rondando para proteger a los transeúntes, se acercó a las llorosas visitantes y les preguntó, casi en tono burlón: "Pero señoritas ¿ustedes no leen los periódicos? ¿acaso no saben que en esta zona del Callao los asaltos han aumentado en un 80%? Esos patas son de acá pes... de Castilla... si quieren vamos para buscar sus carteras..."

Reviso la página web www.fiestapirata.com , sus videos promocionales en youtube y su perfil en facebook y me pregunto si esta generación de jóvenes peruanos puede seguir bajando en las arenas de la estupidez masiva en pro de pasar un rato de diversión, embruteciéndose con tragos exóticos, desfiles mamarrachentos y música de Pitbull. Alguien debería advertirles que atrás de la Fortaleza comienzan los barracones más peligrosos del Callao, las callejuelas Castilla y Libertad donde diariamente muere alguien a balazos, cuchilladas y batallas campales donde llueven piedras y palos. De esas calles salieron los Noles, esa banda de asesinos que saltaron a la fama luego de ajusticiarse entre ellos en conocidas discotecas de mala muerte de La Victoria.

Lamentablemente, las autoridades peruanas viven de espaldas a la población y les interesa un comino su seguridad. Los alrededores de la Fortaleza del Real Felipe solo son seguros cuando el Presidente está cerca, porque en esas ocasiones son capaces de trasladar hasta al ejército entero para cuidarle las espaldas y mantener a raya a los delincuentes que a diario le hacen la vida imposible al ciudadano de a pie, al vecino chalaco, al turista inocente. Por eso desde esta pequeña bitácora aconsejo a todo aquel que se le ocurra conocer en familia la mítica fortaleza de La Punta que no vaya por nada del mundo porque al frente del ingreso, su vida corre el mayor de los peligros. Si quiere enterarse de la historia, busque un buen libro o investigue por Internet donde hay amplia información, fotos y hasta tours virtuales, pero por favor no vayan.

Claro, como a la estúpida Fiesta de los Corsarios solo van los ciudadanos de primera clase, capaces de pagar una entrada de 140 soles por una noche de disfraces en una fortaleza de piedra resguardada solo para ellos, no pasa nada y el Perú sigue avanzando rumbo al Primer Mundo. Aunque yo tengo mis dudas. Quién sabe cuántos espejos, emblemas o neumáticos habrán desaparecido esa noche. Esas estadísticas no las van a dar en Polizontes o en El Comercio. La Fortaleza del Real Felipe es tierra de nadie.

LAS TRILOGÍAS DEL ROCK I


Hace algunos años colaboré brevemente con una publicación independiente que valientemente trató de llenar un espacio vacío en nuestra prensa: la crítica musical especializada y de mentalidades abiertas. Freak Out! - llamada así en honor al primer álbum de Frank Zappa - duró poco, gracias al tesón y la pluma de Hákim de Merv, que lideraba a un equipo conformado por algunos de los comentaristas más agudos (y menos conocidos) de la prensa musical peruana. Aquellos que nunca escribirán en los blogs de El Comercio, las secciones de espectáculos de Caretas o alguno de esos otros pasquines oficiales que gozan del favor del público, la masa deforme que sí sale en todas las fotos. En esa revista de frecuencia indeterminada, publiqué algunos artículos que poco a poco iré transcribiendo en esta bitácora, con algunas correcciones al canto, cada vez que pueda...

"SANTÍSIMAS TRINIDADES: EL ENSAMBLE PERFECTO

En los 80s, algún despistado y poco conocedor DJ de radios limeñas definió a Soda Stereo, por entonces la banda de pop/rock en nuestro idioma más sobredimensionada de todos los tiempos, con perdón de sus fans más devotos - como la Trilogía del Rock. En la TV, un no menos desubicado VJ englobó bajo el mismo epígrafe a tres glamorosas bandas de heavy metal muy de moda en esos años: Guns N' Roses, Poison y Bon Jovi. en este artículo, tratamos de hacerle justicia a uno de los formatos más respetados y a un tiempo subestimados de la historia del rock and roll: el trío.

UN POCO DE HISTORIA
Con el rock and roll, nacieron durante los 50s diversos conjuntos que crearon una nueva estética dentro de la música popular, pero no fueron precisamente los famosos solistas de la época, léase Eddie Cochrane, Bill Haley o Elvis Presley, pues ellos se apoyaban en grupos que iban desde un cuarteto hasta orquestas completas. Quienes provocaron que el trío, aun sin estructura instrumental definida, se desvinculara del jazz y del country, surgió de la mano de nombres menos conocidos. En el caso del jazz, cuando la guitarra aun no se incorporaba a su lenguaje instrumental, eran comunes los ensambles conformados por un pianista, un baterista y un tercer instrumento variable, que podía ser el saxofón o el contrabajo.

Desde 1961, año del nacimiento y auge del soul/doo wop y los primeros destellos del Philly Sound y la Motown, aparecieron los primero tríos vocales, generalmente femeninos, con integrantes claramente identificables. Los más representativos fueron The Ronettes (bajo la batuta de Phil Spector, una especie de Rey Midas del universo musical pop), Martha & The Vandellas y The Supremes (alma mater de Diana Ross).



Diana Ross, Mary Wilson y Florence Ballard: The Supremes

A pesar de la permanente evolución del soul y el rhythm 'n blues, esta conformación ha mantenido su vigencia con distintos niveles de calidad, desde las talentosas The Pointer Sisters hasta las prefabricadas Destiny's Child. Paralelamente, en la escena rocanrolera de los inolvidables años sesenta (dominada por esa la dicotomía psicodelia/música surf en los EE.UU., invasión británica/blues eléctrico en Inglaterra, surgían minuto a minuto bandas con un mínimo de cuatro integrantes: The Beatles, The Byrds, The Rolling Stones, The Beach Boys, The Kinks, The Turtles, The Doors, The Who...

Y ENTONCES SOLO FUERON TRES...
El rock de los 60s se movía entre parámetros bastante fijos: un cantante, una o dos guitarras y una sección rítmica concentrada en un solo patrón sonoro, sin muchas variaciones, estática y repetitiva. Las excepciones llegaban a través de músicos más avezados que forzaban los límites expresivos de sus instrumentos, expandiendo de paso un género que, a pesar de su naturaleza rebelde y trangresora, fue incapaz de alcanzar, en sus primeros años de vida, la libertad creativa que ofrecían las largas y complejas improvisaciones del be-bop.

Pero en 1966 algo cambió: tres músicos jóvenes y relativamente desconocidos, provenientes de la escuela británica del blues, desconcertaron al público con sus inagotables recursos técnicos y su actitud eminentemente rockera, establoecindo un punto de quiebre que iniciaría, casi sin percibirlo, una nueva forma de concebir el rock and roll. Cream, formado por Jack Bruce (bajo, voz), Ginger Baker (batería; ambos ex-miembros de las bandas de Alexis Korner y Graham Bond, respectivamente) y Eric Clapton (guitarra, anteriormente con The Yardbirds y John Mayall), se convirtió en el primer power trío de la historia del rock. El término se acuña para denotar la fuerza interpretativa de sus miembros, que se expresaba con fiereza en una competencia interna sobre el escenario: extensos solos y contrapuntos, intercambios instrumentales e improvisaciones. En suma, la combinación perfecta del purismo del blues, la naturaleza aventurera del jazz y un volumen desafiante y atronador. Estos elementos hicieron de Cream la banda más sorprendente en vivo para ese momento.



Cream tocando en 1968 el clásico de Robert Johnson, Crossroads

A pesar de su corta vida (1966-1969), Cream sentó las bases para la aparición no solo de otros tríos, sino también de nuevos estilos, desde el hard rock de Led Zeppelin hasta las jam sessions de The Allman Brothers Band. Un año después del lanzamiento de Fresh Cream, su álbum debut, nació The Jimi Hendrix Experience. Aquel terceto estaba liderado por un extravagante guitarrista negro, que a fines de los 50s había tocado para la orquesta de Little Richard y de quien nadie se esperaba los furibundos latigazos distorsionados que recorren el disco Are you experienced?, uno de los debuts más importantes de todos los tiempos. The Experience - que eran Hendrix junto a los ingleses Mitch Mitchell (batería) y Noel Redding (bajo) - hizo eco a Clapton y compañía con su fusión norteamericana de psicodelia- funk-blues y en poco tiempo se estableció como la entente máxima del rock de la época, con discos decisivos como Axis: bold as love (1967) y Electric ladyland (1968). Tras el desbande, el chamánico de la Stratocaster armó otro trío al que llamó The Band Of Gypsies con Buddy Miles (batería) y Billy Cox (bajo).



Una de las primeras versiones en vivo de Purple haze en la TV alemana

El éxito comercial de estas dos bandas consolidó al trío como una unidad rock de alto nivel, pues la reducida cantidad de instrumentistas dejaba poco espacio para la falta de preparación. Asimismo, el concepto de "power trio" fue explotado por otros grupos cuyas características incluían: sonido rudo, fuertes bases blueseras y tendencia al virtuosismo. En esa línea tenemos a bandas no muy conocidas como Blue Cheer, Glass Harp y The James Gang, la más trascendente gracias al éxito del tema Funk #49 de 1970. Posteriormente Joe Walsh, uno de los miembros originales de The James Gang, se hizo mundialmente conocido como guitarrista de The Eagles.

Por otro lado, en California, se producía una respuesta a esta ola de blues amplificado: tres cantantes, ex-miembros de celebrados grupos como The Byrds, Buffalo Springfield y The Hollies, fundaron uno de los tríos más influyentes de ese período. Crosby Stills & Nash, que en sí mismo encarna toda una época en el desarrollo de la música popular norteamericana. Armados de guitarras acústicas, exquisitas armonías vocales y poética hippie; (David) Crosby, (Stephen) Stills y (Graham) Nash resumieron los postulados del anti-belicismo, la sensiblidad y la filosofía floral del paz-y-amor de finales de la década de los 60s en su epónimo primer álbum, lanzado en 1969, antes de convertirse en cuarteto un año después con el ingreso del errático Neil Young.



Teach your children, un tema cuya letra debería ser más tomada en cuenta en estos días

Volvemos con la segunda parte...